Ellacurìa

El Congreso de las Américas sobre Educación Internacional (CAEI) tiene el honor de comunicar oficialmente que Ignacio Ellacuría, filósofo, académico e investigador y quien fuera actor fundamental en la vida universitaria de su época y rector de la UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA (UCA) “José Siméon Cañas” desde 1979 hasta su muerte, en 1989,  ha sido distinguido con el PREMIO INTERAMERICA 2015.

En la figura de Ignacio Ellacuría, se celebra los logros de una personalidad de gran trayectoria en nuestra región que no solo se distinguiera por apoyar la educación superior, sino también porque sus reflexiones conceptuales y acciones, respondieron a su preocupación central en relación con el papel de la “universidad” en la mejora del bienestar y las condiciones de vida de los pueblos de  las Américas.

“Muy pronto concibió que la misión más importante de la universidad no era formar profesionales. Su centro no se encontraba en el recinto universitario, sino en la sociedad en la cual estaba inserta. El punto de partida de esta descentralización de la misión universitaria está dado por una doble consideración. La primera y la más evidente es que la universidad tiene que ver con la cultura, el saber y un determinado ejercicio de la racionalidad intelectual. La segunda, ya no tan evidente, es que la universidad es una realidad social, marcada históricamente por lo que es la sociedad en la que está inserta y destinada a iluminar y transformar, como fuerza social que es, esa realidad en la que vive, de la que vive y para la que debe vivir” (UCA: Biografía: El P. Ignacio Ellacuría (1930-1989), UCA, San Salvador, 2015).

Su obra educativa  aceptada por algunos en su época, cobra una gran vigencia en esta primera mitad del siglo XXI, lo que le ha valido un amplio reconocimiento internacional, que testimonia también de su incansable caminar para promocionar las relaciones educativas tanto en nuestro hemisferio como fuera del mismo.

“Si a Ellacuría lo mataron como rector y como universitario, fue porque su actividad no fue meramente contempladora y cognoscente de la realidad social, y, por tanto, distante y a salvo del objeto del conocimiento. En su tarea, puso en juego su vida no por alcanzar una mera “verdad objetiva” y por su comunicación, sino por su compromiso vital e institucional con la realidad social…” (Senet de Frutos, JA, “La función de la universidad en el pensamiento de Ignacio Ellacuría: una visión desde nuestro contexto actual”, Sevilla, UCA: Digitalizado por: Biblioteca “P. Florentino Idoate, SJ”, 2010).

“La vida no se termina, se transforma”.